El Espíritu Santo del Padre se convirtió en el Hijo

This article is translated by Julio César Clavijo Sierra of www.fe-biblica.blogspot.com.

Hay una clara distinción entre Dios como el Padre, y Dios que más tarde se manifestó Él mismo en la carne como Dios con nosotros como un verdadero hombre. Por lo tanto, la relación Padre e Hijo nunca se produjo sino hasta el tiempo cuando el Padre se encarnó como un verdadero hombre. Así, las Escrituras enseñan que el Padre es el único Dios verdadero, que también se encarnó como un humano verdadero que es el “niño nacido” y el “Hijo dado”. Él es llamado “el Dios fuerte” y “el Padre Eterno” en cuanto a su verdadera identidad divina (Isaías 9:6 - “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”), pero un Hijo en cuanto a su verdadera identidad humana.

Aunque las Escrituras claramente llaman al Hijo “el Dios fuerte” y “el Padre Eterno”, la doctrina de la Trinidad afirma que el Hijo no es el Padre y que el Padre no es el Hijo. Por lo tanto, si las Escrituras demuestran que el Hijo es el Espíritu Santo del Padre, y el Espíritu Santo del Padre se encarnó como el Hijo, entonces toda la doctrina de la Trinidad se derrumba.

EL ESPÍRITU SANTO DEL PADRE, SE ENCARNÓ Y SE CONVIRTIÓ EN EL HIJO CRISTO

El teólogo unicitario Jason Dulle, en su respuesta en línea a un trinitario, resumió las similitudes y las diferencias entre los puntos de vista de la unicidad y de la trinidad sobre Dios encarnado:

“La Escritura nunca distingue entre la deidad del Hijo y la deidad del Padre, sino que todas las distinciones están entre Dios en su existencia omnipresente y trascendente, y Dios en su existencia como un ser humano genuino. La distinción no está en la deidad, sino en la humanidad de Jesucristo... Los creyentes unicitarios y trinitarios se asemejan en que: 1. Ambos creen en un Dios; 2. Ambos creen que el Padre, el Hijo y el Espíritu son Dios; 3. Ambos confiesan que la Escritura hace una distinción entre el Padre, el Hijo y el Espíritu; 4. Ambos creen que el Hijo de Dios murió en la cruz, y no el Padre; 5. Ambos creen que Jesús estaba orando al Padre, y no a sí mismo. (Jason Dulle. “El Dilema de un Trinitario con la Doctrina de la Unicidad” - http://www.onenesspentecostal.com/onenessstruggles.htm).

A lo largo de los años, he observado que a menudo, muchos trinitarios se confunden acerca de lo que realmente creen los Pentecostales Unicitarios. Muchos alegan falsamente, que nosotros decimos que no hay en absoluto ninguna distinción ontológica entre el Padre y el Hijo. Por lo tanto, a menudo caricaturizan nuestra doctrina para burlarse de nosotros, diciendo que nosotros creemos que el Padre realmente murió en la cruz en su condición de Padre, o que el hombre Jesucristo en realidad se oró a sí mismo en la condición de Padre. Todos los adherentes a la Unicidad que son expertos, creen que Dios se convirtió en un verdadero hombre en la encarnación a través de la virgen con una “vida (humana distinta) en sí mismo” (Juan 5:26; Hebreos 2:17 NIV “totalmente humano en todos los sentidos”), para sufrir, orar y morir por nuestros pecados. Por lo tanto, muchos trinitarios están alegando erróneamente que nosotros negamos cualquier distinción entre Dios como Dios (el Padre), y Dios con nosotros como un hombre (el Hijo) que ha sido hecho “totalmente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 NIV). Pero esto no es lo que nosotros confesamos, ya que Dios como Dios no puede ser “totalmente humano en todos los sentidos” (Hebreos 2:17 NIV) sin que se violen pasajes tales como Números 23:19 (“Dios no es hombre”) y Malaquías 3:6 (“Porque yo Yahvé no cambio”). Lo que en realidad afirmamos, es que el hombre Cristo Jesús, como el Hijo del Dios vivo no es “Dios con nosotros” ontológicamente como Dios, sino más bien “Dios con nosotros” como un verdadero Hijo humano (un hombre) que podía orar (Lucas 5:16), ser guiado por el Espíritu Santo (Mateo 4:1 “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto”), y crecer “en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52). Así, Dios como Dios el Padre, no es ontológicamente un hombre que pueda “orar” y ser “tentado por el mal” (Santiago 1:13, “Dios no puede ser tentado por el mal”). Tampoco, Dios como el Padre ontológicamente, pudo sufrir y morir en la cruz por nuestros pecados (Números 23:19 – “Dios no es hombre”).

Jason Dulle, explica así las principales diferencias entre las posturas de la Unicidad y la Trinidad:

“Los creyentes unicitarios y trinitarios difieren en que: 1. Los trinitarios creen que el Dios único consiste en tres personas eternas, mientras que los unicitarios creen que el Dios único es una persona; 2. Los trinitarios creen que la segunda persona de la Trinidad se encarnó, mientras que los unicitarios creen que el Padre, que es una persona, se encarnó como el Hijo de Dios; 3. Los trinitarios creen que el Hijo es eterno, mientras que los unicitarios creen que el Hijo no existió sino hasta la encarnación, porque el término Hijo se refiere a Dios existiendo como hombre, y no como existe en su divinidad esencial; 4. Los trinitarios ven las distinciones bíblicas entre el Padre y el Hijo como una distinción tanto en la personalidad como en la carne, mientras que los unicitarios creen que todas las distinciones son el resultado de la relación del Espíritu de Dios con el encarnado Dios-hombre. Entonces, en lo pertinente a la cristología, la diferencia entre los trinitarios y los unicitarios, es que los trinitarios dicen que fue la segunda persona de la Trinidad, y no el Padre, quien se hizo hombre; mientras que nosotros sostenemos que el único Dios, conocido como el Padre, se hizo hombre. El testimonio de Jesús fue que el Padre estaba en Él (Juan 10:38; 14:10-11; 17:21), y que aquellos que lo vieron a Él, vieron al Padre (Juan 14:7-11). Jesús es la imagen expresa de la persona del Padre (Hebreos 1:3). Los trinitarios tienen dificultades para explicar estos versículos, porque ellos sostienen que una segunda persona se hizo carne. Si ese fuera el caso, y el Padre no estuviera encarnado, ¿entonces por qué Jesús siempre dijo que el Padre estaba en Él, pero nunca dijo que una segunda persona estaba en Él?

(Jason Dulle. “El Dilema de un Trinitario con la Doctrina de la Unicidad” - http://www.onenesspentecostal.com/onenessstruggles.htm).

El teólogo unicitario Jason Dulle, describió correctamente las principales áreas de acuerdo y desacuerdo entre las posiciones unicitaria y trinitaria, que respaldan todo lo que yo he estado enseñando. Yo desafío a todos los que leen este libro, a que examinen honestamente toda la evidencia bíblica con corazones verdaderos y nobles, para ver si la posición teológica de la Unicidad que estamos compartiendo, coincide o no con la Biblia. Porque todos los verdaderos seguidores de Jesucristo deben estar dispuestos a “examinar las Escrituras”, y a ser “nobles” como lo hicieron los judíos de Berea cuando examinaron las Escrituras para ver si las cosas que los apóstoles enseñaban eran verdaderas o no. (“Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así. Así que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción, y no pocos hombres” - Hechos 17:11-12).

La evidencia bíblica demuestra que el Hijo es el hombre que tuvo un comienzo por su concepción y engendramiento en la virgen, mientras que el Espíritu Santo del Padre es la Identidad Divina que se encarnó como el Hijo Cristo.

Lucas 1:35. “EL ESPÍRITU SANTO VENDRÁ SOBRE TI, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”.

Mateo 1:20. “...no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, es DEL (se traduce de “ek” = “salir desde” el) ESPÍRITU SANTO”.

Cristo Jesús afirmó que Él descendió del cielo (Juan 6:38, “he descendido del cielo”), pero a la única Persona Espiritual que encontramos bajando del cielo para llegar a ser el Hijo Cristo, es al Espíritu Santo (Lucas 1:35 y Mateo 1:20). Mateo 1:20, no prueba que el Hijo Cristo fue concebido “SALIENDO DE” un supuesto Dios el Hijo, sino “SALIENDO DEL ESPÍRITU SANTO” del propio Padre celestial omnipresente (“lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es” – Mateo 1:20). Esto explica por qué Jesús siempre habló de su divinidad como el Padre, en lugar de como un supuesto Hijo divino, coigual y distinto. (“Señor, muéstranos al Padre y con eso nos basta.... ¿Tanto tiempo llevo ya entre ustedes, y todavía no me conoces? El que me ha visto a mí ha visto al Padre”. – Juan 14:7-9 NVI / “El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió”. – Juan 12: 44-45). Es difícil imaginar a una verdadera Persona coigual y distinta llamada Dios el Hijo, diciendo: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” (Juan 14:8-9) y “El que me ve, ve al que me envió” (Juan 12:45), si se tratara realmente de una Persona distinta y coigual llamada Dios el Hijo que estaba encarnada, y no de Dios el Padre encarnado como un hombre; pues una supuesta Persona verdadera y distinta llamada Dios el Hijo, debería haber dicho: “El que me ha visto a mí, ha visto al Dios Hijo eternamente distinto” y “el que cree en mí, cree en el coigual Hijo divino”. En cambio, Jesús dijo claramente que verlo a Él y creer en Él, es creer en la Identidad Divina del Padre. ¿Dónde queda entonces la dignidad divina, y la creencia en la supuesta segunda Persona divina del Dios Hijo, y en la supuesta tercera Persona divina de Dios el Espíritu Santo del concepto trinitario de la deidad?

EL ESPÍRITU SANTO PROPORCIONÓ LOS CROMOSOMOS Y EL TIPO DE SANGRE MASCULINOS AL HIJO CRISTO

“Él (el Hijo) es el esplendor (apaugasma = “brillo reflejado”) de su gloria (la gloria del Padre) y la imagen expresa (karaktér = una “estampa”, “impresión” o “copia” hecha de un original para ser la “representación” de ese original) de su Persona (de la Persona original del Padre - hipóstasis = “sustancia del ser” - Hebreos 1:3 KJV).

Aquí encontramos la evidencia bíblica que demuestra que en la encarnación, el Padre mismo suministró su milagrosa sustancia Divina del Ser para producir al niño Cristo, al “estamparlo” como una “copia impresa” de su original “sustancia del Ser” (ver karaktér e Hipóstasis en Hebreos 1:3), como un ser humano total y completo en la virgen. Pues si el Hijo de Dios hubiera sido concebido como la encarnación de un supuesto Dios el Hijo, ¿cómo es que la presencia de la Persona del Espíritu Santo vino sobre María (Lucas 1:35) para concebir al niño Cristo, y no la presencia de una presunta Persona llamada Dios el Hijo? Lucas 1:35 (LBLA) declara notoriamente que “el Espíritu Santo vendrá sobre ti (la virgen)” y “por eso el santo Niño que nacerá, será llamado Hijo de Dios”. Aunque a través de las Escrituras hebreas encontramos numerosas referencias al omnipresente Espíritu Santo, nunca encontramos a un preexistente Hijo viviente en ninguna parte desde el Génesis hasta Malaquías. Este hecho, por sí solo, debe servir como una bandera roja para todos aquellos que han sido engañados creyendo en un Dios el Hijo preexistente y eternamente distinto.

El ángel le dijo a José: “...el Niño que se ha engendrado en ella es DEL (lit. ek, ʻsalió delʼ) ESPÍRITU SANTO”. (Mateo 1:20 LBLA).

El contexto de Hebreos 1:3 provee evidencia irrefutable para demostrar que el Hijo es el resplandor de la gloria del Padre y la imagen expresa de su Persona (la Persona del Padre o la “Esencia del Ser”) que se convirtió en una persona humana en la virgen. Puesto que Mateo 1:20 nos informa claramente que el Hijo Cristo fue producido [ek] “SALIÓ DE” la “Esencia del Ser” de “EL ESPÍRITU SANTO” (“...el niño que se ha engendrado en ella es DEL (lit. ek, ʻsalió delʼ), ESPÍRITU SANTO” – Mateo 1:20), sabemos que el Espíritu Santo tiene que ser el Espíritu Santo del Padre que descendió sobre la virgen. Esto es muy problemático para la doctrina trinitaria, que afirma que un distinto Dios el Hijo se encarnó, y no el Espíritu Santo del Padre. Hebreos 1:3 declara que el Hijo fue reproducido desde la Esencia del Ser del Padre, mientras que Mateo 1:20 declara que el Hijo fue reproducido desde la Esencia del Ser del Espíritu Santo (“... el niño que se ha engendrado en ella es DEL [ek, salió del] ESPÍRITU SANTO” - Mateo 1:20 LBLA). La única manera de armonizar los datos bíblicos, es creer que la Esencia del Ser del Espíritu Santo, es la misma Persona divina del Padre que se encarnó, lo que demuestra la Unicidad/Modalismo, mientras que refuta al Trinitarismo, al Arrianismo y al Unitarismo Sociniano. Por lo tanto, el peso de la evidencia bíblica demuestra que la divinidad del Espíritu Santo del único Dios verdadero que es el Padre, fue unida a la humanidad a través del óvulo de María (“Dios envió a su Hijo, hecho de [ek, ʻsalió deʼ] una mujer” – Gálatas 4:4 KJV) para convertirse en un hombre distinto, que es el Hijo del Dios viviente.

Lucas 1:35 nos informa por qué el Hijo, es llamado el Hijo (“El Espíritu Santo vendrá sobre tipor eso el santo Niño que nacerá, será llamado Hijo de Dios” – Lucas 1:35 LBLA). El Hijo es llamado el Hijo de Dios, por su milagrosa concepción virginal de [ek, ʻsalió deʼ] una mujer [de María – Gálatas 4:4] y del [ek, ʻsalió deʼ] Espíritu Santo (Mateo 1:18, 20). Ninguna porción de la Biblia entera, nos da cualquier otra razón por la cual el Hijo de Dios sea llamado el Hijo, que no sea la razón que el Nuevo Testamento nos da en Lucas 1:35. De hecho, ninguna porción en toda la Biblia, ha declarado alguna vez que el Hijo como Hijo, haya existido desde siempre como una supuesta Persona de Dios el Hijo a lo largo de toda la eternidad pasada (Salmo 2:7, Hebreos 1:5, Juan 5:26), lo que destruye por completo a la doctrina trinitaria.

“como el Padre tiene vida en sí mismo, así también HA DADO AL HIJO EL TENER VIDA EN SÍ MISMO” (Juan 5:26).

Aquí podemos ver claramente que el Hijo es el hombre, y el hombre es el Hijo a quien el Padre le concedió una vida humana distinta. Dios el Padre le concedió una vida distinta al Hijo humano, mediante el suministro sobrenatural de los cromosomas masculinos desde su propia “sustancia del Ser” (Hipóstasis) que fue “reproducida” o “impresa” dentro del óvulo humano de la virgen (Hebreos 1:3; 2:14-17). Ya que Dios el Padre es un Espíritu que no tiene carne y sangre (Juan 4:23:24), sabemos que la Esencia del Ser del Padre suministró milagrosamente los cromosomas y el ADN masculino dentro de la virgen, para producir al Hijo Cristo. Si el Padre no hubiera aportado los cromosomas masculinos dentro de la virgen, entonces Jesús no hubiera podido ser concebido y nacido como un niño varón, ya que María habría dado a luz a un clon femenino de sí misma.

LA SANGRE DE DIOS

Hechos 20:28, realmente dice: “...la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre”. (Ver por ejemplo, LBLA y NVI). Aunque hay lecturas variantes de Hechos 20:28, el peso de la evidencia apunta a la propia sangre de Dios, pues la frase “Iglesia de Dios” es usada en todo el Nuevo Testamento, pero nunca la “Iglesia del Señor”. El Comentario de Ellicott dice: “El hecho de que en otros lugares, San Pablo habla invariablemente de “la Iglesia de Dios” (i.e., 1. Corintios 1:2, 2. Corintios 1:1, Gálatas 1:13, 1. Tesalonicenses 2:14, et al.), y nunca de ‘la Iglesia del Señor’, es una evidencia muy convincente para demostrar que la lectura correcta debe ser “la Iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre” en lugar de “la Iglesia del Señor”. Clemente de Alejandría, es el testigo cristiano más antiguo de que el texto dice “la sangre de Dios” (finales del siglo II, Quis Dives, c. 34) en vez de “la sangre del Señor”.

La autora Débora Bohn, escribió: “La mayoría de las células del cuerpo contienen 46 cromosomas, pero el espermatozoide de papá y el óvulo de mamá contienen sólo 23 cromosomas. Cuando el óvulo se encuentra con el espermatozoide, se unen para formar los 46 cromosomas de una sola célula que se dividirá rápidamente hasta que se convierte en aproximadamente 100 billones de células que se retuercen amorosamente entre unos pañales, se alimentan y balbucean todo el día. Cada cromosoma lleva muchos genes, que también vienen en parejas. Dado que la mitad de los genes de su bebé vienen de mamá y la otra mitad son de papá, la probabilidad de que un bebé reciba algún gen en particular es similar a la probabilidad de lanzar una moneda. Suena como si fuera fácil predecir las posibles combinaciones que componen la apariencia y la personalidad de su bebé, ¿verdad? Pero no hay tal suerte. Sólo unos pocos rasgos, como el tipo de sangre, están controlados por un único par de genes (el par de genes recibidos de ambos padres)”. (Débora Bohn, https://Babble.com)

Richard Hallick, escribió: “El tipo de sangre humana está determinado por los alelos codominantes. Un alelo es una de varias formas diferentes de información genética que está presente en nuestro ADN, en una ubicación específica, en un cromosoma específico. Existen tres alelos diferentes para el tipo de sangre humana, conocidos como IA, IB e i. Por simplicidad, podemos llamar a estos alelos A (para IA), B (para IB) y O (para i). Cada uno de nosotros tiene dos alelos de tipo sanguíneo ABO, porque cada uno hereda un alelo de tipo sanguíneo de nuestra madre biológica y uno de nuestro padre biológico(Richard B. Hallick, Universidad de Arizona, © 1997, http://www.blc.arizona.edu).

Aquí encontramos evidencia científica, que demuestra que el tipo de sangre de Cristo debió haber “salido de María” (Gálatas 4:4) su madre, y haber “salido del Espíritu Santo” (Mateo 1:20) como su Padre. Así que en cierto sentido, podemos decir que la sangre de Jesús es la sangre de Dios, porque el Espíritu de Dios contribuyó milagrosamente a la sangre del niño Cristo. Aunque la sangre de Jesús no es ontológicamente la sangre de Dios, podemos afirmar que la sangre de Cristo pertenece al Dios que se hizo hombre en la encarnación a través de la virgen, porque la sangre de Jesús pertenece al “Padre Eterno” (Isaías 9:6), quien es el propio Espíritu Santo que se encarnó como un Hijo humano.

Como el niño Cristo no tuvo padre humano biológico, entonces el Espíritu Santo de Dios mismo, que descendió sobre la virgen, tuvo que suministrar milagrosamente los cromosomas masculinos y el tipo de sangre masculina, para hacer de Jesucristo un verdadero Hijo varón. Por lo tanto, se puede decir que Jesús lleva los cromosomas, y el tipo de sangre de María y de Dios mismo. Así, en cierto sentido el cuerpo físico de Jesús puede ser llamado el cuerpo de Dios y la sangre de Dios, porque Dios mismo se hizo hombre a través de la virgen [Nota: No se puede decir que la carne de Jesús es “carne divina”, pero como Dios se convirtió en uno de nosotros para salvarnos, el cuerpo físico de Jesús es el nuevo cuerpo humano asumido por Dios].

EL ESPÍRITU SANTO DESCENDIÓ DEL CIELO PARA CONVERTIRSE EN EL HIJO CRISTO

Juan 3:13. “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo”.

Sabemos que Enoc y Elías, ambos ascendieron al cielo (Génesis 5:21-24; 2 Reyes 2:11-12). Por lo tanto, lo que Cristo debió haber querido decir, es que ninguno de los que vivía en la tierra durante el tiempo de Jesús, había subido al cielo. Incluso, después de la ascensión de Cristo al cielo, Pablo declaró que su espíritu probablemente fue sacado de su cuerpo y llevado hasta el “tercer cielo”, porque él dijo: “si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe”, y a continuación dijo que allí en el cielo “oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar” (2. Corintios 12:2-4). Así, parece que el espíritu humano de Pablo ascendió brevemente al cielo, como también parece que el espíritu humano de Jesús ascendió brevemente al cielo para ver y oír las cosas celestiales mientras todavía estaba sobre la tierra como un hombre. Sin embargo, a diferencia de Pablo que más adelante subió al cielo como un hombre finito, Jesús como el Dios infinito fue capaz de bajar del cielo, mientras que al mismo tiempo estaba en el cielo.

Juan el Bautista se refirió a Jesús cuando dijo: “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos”. (Juan 3:31).

El uso que Juan hace de las palabras: “El que de arriba viene, es sobre todos”, para describir a Jesús en Juan 3:31, señala al Único Dios verdadero de Efesios 4:10 que “subió por encima de todos” como nuestro “un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:6). Debido a que de nadie más, sino solo de Dios, puede decirse que es “sobre todos”, entonces claramente Jesús descendió del cielo cuando el Espíritu Santo de Dios el Padre se encarnó como un verdadero hombre. Es por eso que Jesús es la misma identidad divina como Emmanuel, “Dios con nosotros”, que está sobre toda su creación.

No hay duda de que el contexto de Juan capítulo tres, está dirigiéndose a Jesucristo como “el que viene del cielo”. Juan habló de Jesús como el único hombre que vino del cielo, mientras que simultáneamente existió en el cielo (“el Hijo del Hombre, que está en el cielo” – Juan 3:13), porque sólo Jesús como Dios con nosotros como un hombre, es el único que continuó siendo “sobre todos” como Dios en el cielo, mientras que simultáneamente existió como un hombre en la tierra. Juan entonces contrastaba al Uno “que viene del cielo” que “es sobre todos”, con los seres humanos “de la tierra”, porque de nadie más que de Jesús puede decirse que ha descendido del cielo mientras que al mismo tiempo está en el cielo. Los profetas, incluyendo a Juan, fueron hombres de la tierra que recibieron autoridad del cielo para predicar la Palabra de Dios y dar los mandamientos de Dios al pueblo. Es bajo esta luz, que Jesús dijo que el bautismo de Juan fue “del cielo” (Mateo 21:25), pero de ningún simple profeta mortal puede decirse que ha bajado “del cielo” (“he descendido del cielo” – Juan 6:38) mientras que continúa estando en el cielo como el Seño